El poeta barcelonés Alberto Trinidad navega la ausencia en Gestaciones de nadie, poemario inédito del cual compartimos un adelanto exclusivo. El poeta se embarca en la errancia por el escenario marino, a flote sobre una escritura que se cuestiona constantemente a sí misma, se borra y se reescribe al ritmo de la marea. La búsqueda apunta hacia el momento en que el poema se anticipa a la voz de quien lo escribe, dando forma a un texto que se desprende del yo; una voz poética que se desdobla en sus múltiples lecturas futuras.
Pintura ‘Surf on Rocks’ (c. 1890) de William Trost Richards.
PARTE I
I
Dentro del barco habrá siempre una isla,
una taquicardia, un libro, la palabra «dentro» que inicia la frase
«Dentro del barco habrá siempre…»,
y tú,
que me miras como quien se zambulle en una piscina
o recorre rutas de acantilados
observándonos a través de las cerraduras de tu cuerpo.
Habrá siempre una isla
que lata como una taquicardia de faros mudos, tartamudos,
cuya balbuceante luz lame con palabras inacabadas
este horizonte de etcéteras.
Lo sabes. Etcétera.
Una isla que no ha aparecido todavía, nunca,
que seguramente no está aquí, ahora, iluminando con sus latidos errantes
el interior de este barco, el albor elíptico de este nuevo relato
que se extiende infinito como una promisoria red de nadies.
Lo sabes.
Dentro de la isla habrá siempre un barco,
una isla, las agujas descarriadas de un reloj que te señalan
igual que el amor se oculta detrás de los párpados cerrados del amor.
Siempre.
Delante de tus manos abiertas estalla un cataclismo
de manos, islas y barcos…
IV
Es en el hilo de humo que deja en el aire
la llama al apagarse
únicamente donde está la llama.
Será entonces en el silencio que emana de la página en blanco
al borrar con las palabras que escribo el poema que escribo
donde esté únicamente el poema.
Y será entonces la mirada que dejo extraviada
cuando cierro los ojos o cuando los hundo desnudos, inermes y vacíos
en la espalda nocturna del mundo
únicamente quien lo lea,
sola,
para nadie.
Será tu olvido de nuestro amor
únicamente el espacio habitable de nuestro amor,
y la ausencia de esa estrella que ahora mismo desaparece del alba
el único firmamento desde donde sea posible
reconstruir la noche.
Será, pues, esta sombra de mí que se desvanece en mis libros,
que se proyecta igual que un colosal eclipse de nadie,
únicamente donde yo esté…
XIV
Una navegación que borre el espacio por donde circula,
igual que un poema desfonda la página en blanco,
o, mejor aún, igual que un poema
que barre las líneas donde está escrito.
Una navegación que encarne
el desvertebrado tránsito de la metamorfosis,
el centrifugado estertor que sucede a lo desaparecido.
Una navegación inabordable,
rota como lo está el reflejo de un prisma,
inabordable,
inalcanzable como una gota de agua secándose en el fondo del mar.
Una navegación así, destripulándose…
XV
Sumergirse en las palabras con un pulmón de silencio.
Bucear así la escritura, los espejos,
las páginas cuyos pliegues nervudos se necrosan de signo.
Respirarlas así, con un pulmón de silencio, de nadie.
Como si el índice de una mano vagabunda
se posara de pronto sobre los labios del lenguaje.
Instantes después:
la imparable emanación del rugido
galopando…
XVI
Sentarme a escribir que no.
El otro día vi desaparecer mi cuerpo.
Vi que mi cuerpo era una sombra
o mi sombra la mano que el cielo cerraba sobre mi cuerpo.
Yo estaba de pie,
como una cintura de agua
o el anillo de un dedo de viento.
Solo había nadie,
y podía escucharse de fondo
el incesante murmullo de todas mis voces
como si estuvieran masticándome.
Lo vi.
Era de noche.
De la mano apretada resbalaba un hilo de penumbra,
una desconocida hebra
temblorosa
como lo es la tiniebla debajo del agua.
El otro día.
De fondo, ese murmullo sin palabras
rugiendo, bramando.
Sentarme,
a escribir que no y escribir que no.
Era de noche
mi cuerpo
el otro día
una invisible
sombra vagabunda…
PARTE II
III
I
Escribir a lo mejor es excavar un agujero
allí donde antes no había nada.
Es cavar de pronto un agujero en el vacío
con unas manos, a ser posible, que no sean las de uno
ni las de otro.
Escarbado así será el poema,
para que,
en ese otro lado, allá abajo o enfrente,
alguien muy parecido a nosotros pero integralmente distinto
lo sobreescriba escarbándolo, excavándonos…
mirándonos…
II
Escribir será así oficiar un hueco, un túnel,
que unan mi desaparición y la tuya.
XVIII
La línea de unos párpados cerrados se parece a una orilla
y a un horizonte.
Imagino entonces que al cerrar los ojos trazo una distancia
que no existía antes,
y a la que puedo asomarme.
Al contrario, abrir los ojos significaría borrar esa distancia,
ese horizonte, esa orilla,
y quedarme solo delante de nada, dentro de nada.
Así que cierro los párpados para tenderme orilla hacia el horizonte
igual que alguien que abre una ventana
y cierra así el mundo delante de la ventana,
detrás,
entonces, otros párpados vagabundos y pródigos,
promisorios y calientes, se cerrarán suavemente sobre mí…
XXIV
No sé tal vez al yo dejar de escribir
de pronto una mano gire la página
y en su sombra otra mano muy parecida a tu cuerpo
se ponga a escribir
como quien borra en un libro las palabras para dejar tan solo los silencios.
Así tal vez la noche comenzará a leernos
como quien funda un hogar en ninguna parte.
XXVIII
Todo comenzará como un descuido.
Dejaré una frase a medio terminar, olvidaré entre medias un sustantivo
o intercalaré en ella palabras de un idioma extranjero.
Más tarde seré yo quien quede a medio pronunciar,
fisurado por cesuras intercaladas
o por gesticulaciones intraducibles.
Primero poco a poco nadie me entenderá,
y luego yo mismo resultaré inextricable,
mi propia presencia se tornará indiscernible.
Será solo entonces, amor,
cuando tus ojos tropezarán con los míos,
igual que un milagro contemplando otro milagro…
Alberto Trinidad (Barcelona, España, 1975).
Es editor, escritor, licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, y máster en Teoría de la Literatura y Construcción y Representación de Identidades Culturales. Ha cursado Filología Hispánica, Filología Francesa y Psicología. Fundó y dirige, desde hace casi veinte años, la editorial Ediciones Oblicuas.
Es colaborador habitual de la revista Lecturas Sumergidas, para la que ha escrito numerosos artículos de creación y teoría literaria, cine y música. Dirige y presenta el podcast de literatura, filosofía y pensamiento «El Cirujano del Cielo», y es autor, entre otras, de las siguientes obras publicadas: la novela Amanecer, nadie y tú (2014) y la tetralogía Los territorios recobrados (2023); el poemario Taquigrafía del silencio (2017), y la obra de teatro infantil ¿Dónde está la ilusión? (2010).


