En pleno viaje de exploración de la literatura ecuatoriana, la traductora china Lynn Tao comparte una reseña de su encuentro con ‘El impulso femenino de saltar por las ventanas’, de Abril Altamirano. Su experiencia revela la importancia de iniciativas que promueven la mediación lectora y la difusión de la producción editorial local.
En el corazón del centro histórico de Cuenca, Ecuador, hay una librería-cafetería llamada Palier. Cada vez que paso por ahí, veo a personas con aire intelectual o jóvenes de aspecto bohemio sentados en las mesas al aire libre, fumando y conversando animadamente. Aunque odio el olor a cigarrillo, me gusta la escena: el humo que se eleva en espirales y las risas mezcladas con la tos siempre llevan mi imaginación a los famosos cafés de París. Este año, me encontré allí con libros interesantes y personas fascinantes.
※ Germán y Alexa ※
Palier es una librería, una cafetería, un espacio para actividades culturales y, también, el cuartel general de la editorial independiente La Caída. Hace más de un mes, cuando fui a inscribirme en uno de sus clubes de lectura, conocí a Germán en la barra. Le entregué el dinero de la inscripción y él, con una sonrisa misteriosa, me entregó una rústica bolsa de papel kraft. Parecía un contrabandista de licores en los Estados Unidos de los años veinte, y el libro, una botella prohibida de whisky irlandés. Cuando le dije que venía de China, Germán pronunció Xinghui (mucho gusto) en mandarín. Dijo que lo había aprendido este año, cuando asistió a la Feria Internacional del Libro de Beijing (BIBF).
La identidad de Germán es tan compleja como el concepto de este local. Este argentino, nacido en los ochenta, lleva veinte años activo en el mundo editorial sudamericano: es librero, gestor cultural, editor de libros y fundador de una alianza internacional de editores independientes. Cuando no está muy ocupado, también prepara café para los clientes de la librería.
En 2024, Germán editó y publicó la colección de cuentos de terror El impulso femenino de saltar por las ventanas, de la escritora quiteña Abril Altamirano. Este libro les valió a la editorial La Caída y a Abril el Premio Joaquín Gallegos Lara de ese año, uno de los galardones literarios más importantes y prestigiosos de Ecuador. El club de lectura al que me inscribí iba a leer, precisamente, este librito delgado de poco más de cien páginas. Pero Germán, como todos los buenos editores, suele mantenerse oculto tras bambalinas (menos mal que me encanta estudiar las páginas de créditos; de lo contrario, nunca habría notado su papel en esto), y la guía de este viaje de lectura era otra persona: la escritora cubana residente en Cuenca, Alexa Habana.
La tarde del primer miércoles de agosto conocí a Alexa, un cálido torbellino que soplaba desde el mar Caribe. Apenas intercambiamos un par de frases y ya me llamaba «mi amor» y «mi corazón». Esto a mí –una persona de Asia Oriental que, desde la infancia, rara vez ha escuchado la palabra «amor»– me produjo vértigo. Me sentí desconcertada y, al mismo tiempo, secretamente curiosa por saber cómo se llaman entre ellos cuando se dirigen a sus verdaderos seres queridos. Pensé en García Márquez: se dice que el apodo cariñoso de Gabo para su esposa, Mercedes, era «cocodrilo sagrado». Los latinoamericanos parecen usar el lenguaje de una manera completamente diferente a la nuestra. Los lectores chinos tienen la impresión de que la literatura latinoamericana es exótica e intensa, y esta podría ser una de las razones.
Alexa crea literatura y también la enseña. Con cinco curiosos lectores ya sentados alrededor de la mesa, sacó un montón de apuntes marcados coloridamente con resaltador. Empezó a hablar de los orígenes de la literatura de terror, pasando por Mary Shelley, Edgar Allan Poe, hasta llegar a Horacio Quiroga, y luego al actual e imparable grupo de escritoras latinoamericanas de terror y literatura gótica: algunas de ellas son autoras que ya tienen ediciones en chino, como Mariana Enríquez y Samanta Schweblin; otras que he recomendado antes en mis artículos, como María Fernanda Ampuero, Natalia García Freire y Agustina Bazterrica. Esta era una sinfonía de escalofríos que se ha prolongado por doscientos años. Mientras los ecos aún resonaban, Alexa abrió El impulso femenino de saltar por las ventanas y, con un marcado acento cubano, empezó a leer una historia sobre una maldición familiar. La aventura había comenzado oficialmente.

※ El impulso femenino de saltar por las ventanas ※
El primer libro de Abril Altamirano está compuesto por trece relatos. Ella escribe sobre la experiencia femenina desde los sutiles detalles de la vida cotidiana, describiendo cómo el terror se filtra en la realidad o, más bien, cómo la realidad se agrieta y emana un aura de terror. Los elementos sobrenaturales no están ausentes, pero a menudo son solo una interpretación posible, como el patrón borroso que distingues en los posos del té en el fondo de una taza. Lo que verdaderamente acompaña al terror es una voluntad femenina, frágil pero decidida, que domina todo el libro y hace que la mayoría de los relatos terminen trágicamente entre sangre y muerte.
La primera parte del libro se titula «Males heredados»:
La madre adolescente de “Dientes de leche” se niega a renunciar a su bebé y debe tomar la decisión final, justo en el instante en que un volcán hace erupción y la lava se desborda. La protagonista de “Algo se agita entre las sábanas” se resiste a ser madre, pero, inesperadamente, da a luz a un bebé con deformidades severas. Dos dilemas diametralmente opuestos llegan, finalmente, al mismo desenlace cruel. Estas historias se yuxtaponen al inicio del libro, obligando al lector a reflexionar sobre lo que realmente significan la libertad reproductiva y la maternidad.
“Boca hueca” da voz a quienes no la tienen al relatar el abuso sexual dentro del círculo familiar desde la perspectiva de la niña víctima, y presenta, además, la descripción más descarnada de la pica. En su momento de mayor desamparo, la pequeña se ve obligada a aceptar la indiferencia de su madre; cuando intentas imaginar las experiencias de infancia de esta madre negligente, la historia se vuelve aún más oscura.
La narradora de “Males heredados” ha huido de su familia de origen durante años. Al casarse, recibe una reliquia enviada por su madre y se ve obligada a regresar a la vieja y decadente casona. En el enfrentamiento con su madre, descubre la terrible tradición que este linaje matriarcal ha perpetuado generación tras generación: asesinar a los bebés varones y criar únicamente a las niñas. «Nacer niña me salvó». “Males heredados” es el relato que me produjo el mayor impacto de todo el libro. Al conversar con la autora, me di cuenta de que ella desconocía las diversas prácticas crueles basadas en la preferencia de género que han existido históricamente en China. La maldición familiar en “Males heredados” actúa como un espejo invertido que refleja con exactitud una realidad al otro lado del planeta. Esta coincidencia me pone los pelos de punta.
La segunda parte se titula «Terrores nocturnos» y las historias giran en torno a la venganza y el destino:
“Eclosión” es el relato más espeluznante del libro. La silenciosa Ema cría polillas a escondidas en una caja de zapatos; cuando la familia por fin nota que algo anda mal, ya es demasiado tarde… El cuento muestra un terror al estilo de Junji Ito: nace de las pequeñas perturbaciones cotidianas, evoluciona continuamente a través de la repetición y la proliferación, hasta que el cuerpo humano se convierte en la incubadora de su nuevo orden y el viejo mundo es completamente reemplazado por un mundo extraño. “Eclosión” es, también, un hito importante en la carrera de Altamirano: en 2020, gracias a esta obra ganó la Beca Mary Wollstonecraft Shelley, entregada por la Horror Writers Association para apoyar el desarrollo profesional de escritoras de literatura de terror.
“Lilith” deja temporalmente de lado la perspectiva femenina para ceder la voz narrativa a un maltratador doméstico habitual, con las manos manchadas de sangre. De día, él juega a ser Dios en su propio paraíso, mientras que de noche, Lilith, la demonio del folclore hebreo, invade repetidamente sus pesadillas, empujando su mente retorcida al borde del colapso.
La protagonista de “El alfiletero”, Laura, sufrió tormento psicológico por parte de su esposo, Alberto, durante toda su vida. Tras la muerte de Alberto, quien había estado postrado en cama por una larga enfermedad, ella conserva el corazón reseco de su marido; de vez en cuando, lo saca para jugar con él y le clava agujas de coser. La autora dedica este cuento a Mary Shelley, la primera escritora de terror de la historia, quien también conservó el corazón de su difunto esposo, Percy Shelley. “El alfiletero” no solo le da un giro oscuro a esta anécdota histórica, sino que también establece una especie de paralelismo con Frankenstein, la obra maestra de Mary Shelley. Alberto –quien, al igual que el Dr. Frankenstein, es un investigador de las ciencias de la vida– moldea a su esposa a partir de un deseo de control asfixiante, llevándola a convertirse en un monstruo que busca venganza.
La tercera parte del libro, «Vértigo y ventanas», presenta algunas propuestas más audaces, tanto en la forma como en el contenido.
“Una extraña en mi cocina” es un experimento mental desbordante de imaginación. Taty, como la mayoría de las mujeres trabajadoras, está exhausta por el ciclo interminable de tareas domésticas, crianza y trabajo. Al despertar, se sorprende al ver en su cocina a una versión de sí misma joven, hermosa y llena de energía. Ambas se cruzan fugazmente en la línea temporal del destino y luego corren en direcciones opuestas. El doble destino de Taty corresponde, respectivamente, al hermoso ideal y a la amarga realidad; con el paso implacable del tiempo, lo primero terminará convirtiéndose inevitablemente en lo segundo.
“La doble vida de las arañas” es un monólogo telefónico sobre la aracnofobia. Desde la infancia, la narradora ha estado convencida de que las arañas son espías enviados por su padre para vigilar cada uno de sus movimientos, por lo que siempre ha vivido bajo el terror de ser escrutada. El monólogo en primera persona da pie a una narrativa estilo rompecabezas: el cuento no contiene una sola frase que explique explícitamente cuál es el secreto de la protagonista ni desde dónde está haciendo esta llamada telefónica, pero las pistas se encuentran esparcidas por todo el texto, y el lector necesita unir los fragmentos para poder vislumbrar la aterradora imagen completa de la historia.
Finalmente, el relato que da título al libro, “Campo de trigo con cuervos, o el impulso femenino de saltar por las ventanas”, es un deslumbrante retrato infernal surrealista. Esta versión de pesadilla de Alicia en el país de las maravillas toma como telón de fondo el sombrío cuadro homónimo de Van Gogh, se desarrolla dentro de un edificio alto y cerrado, y avanza a una velocidad multiplicada por veinte. El lector puede reconocer allí muchos elementos familiares: el conejo blanco que sirve de guía, el cuerpo que repentinamente se agranda y se encoge, el charco de lágrimas y la sonrisa del Gato de Cheshire. En este extraño y vertiginoso sueño, experimentaremos junto a una Alicia adulta el autodesprecio, la ansiedad por la imagen corporal, los trastornos alimenticios, el miedo a la maternidad, la violencia de género y la omnipresente mirada masculina…
La única salida para escapar de la pesadilla es dar un salto al vacío y lanzarse por la ventana del piso veintisiete.
*Este artículo forma parte del proyecto de recomendación de literatura latinoamericana La Escalera de la Gata Negra.
Lynn Tao (China, 1986). Editora y traductora literaria. Ha traducido más de veinte libros al chino simplificado, entre ellos obras de Mary Shelley, Ursula K. Le Guin, James Tiptree Jr., Stanisław Lem y Ray Bradbury. Vive en Cuenca con su familia y sus tres gatos.


